Desde abajo de su sombrero mira a las personas que pasan. Y las personas que pasan no conocen su historia, absortos todos en sus problemas.Para ellos es una linyera más. Pero ella no es una linyera cualquiera. Es un artista, dice, que trabajó en el Cervantes durante años y por eso no abandona por nada del mundo ese lugar.
Varias veces el Gobierno le ha ofrecido pasar la noche en un parador para mujeres sin techo, le han ofrecido subsidios... pero ella no acepta. Afirma ser feliz en su rinconcito, bien cerca del teatro que casi casi, dice, la vio nacer.
Si uno se detiene a escucharla cuenta historias de funciones memorables, de otros tiempos más memorables todavía.
No larga prenda de qué pasó con su casa, si alguna vez la tuvo. Dice que su casa está en ese lugar, que lejos del teatro moriría.
La gente del teatro la conoce, los vecinos también. Por eso nunca le falta el plato de comida y ella en agradecimiento sueltan algún recuerdo que guarda en el baúl de su memoria.
Llega la noche y se va a dormir, cubierta entre cartones y telas, con sus sombreros como única compañía.
2 comentarios:
Guadalupe, muy bueno el blog, lo descubrí por casualidad y me parece muy interesante. Tu mirada y sensibilidad a flor de piel. Isaías. Si querés pasá pòr el mío isalga.blogspot.com
Guada esta precioso..hacia mucho que no lo veia!!!!!!
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