domingo, 28 de septiembre de 2008

Rojo de primavera

Estela vive en un edificio gris de un barrio gris como son los barrios del centro, incluyendo Barrio Norte. Estela mira enfrente, al asomarse a la ventana, otro edificio gris igual que el de ella. Estela tiene una existencia gris, como todas las personas que viven en el corazón de las ciudades. Estela se asoma a la ventana de su departamento y no ve ni siquiera un pedazo de cielo. Tampoco ve las copas verdes de los árboles porque en la calle donde vive no hay árboles.
Estela recuerda su infancia, también en Buenos Aires, pero en un barrio de casas bajas. Recuerda su patio y el aire puro que se respiraba. Estela está arrepentida de haberse mudado al centro, pero cuando lo hizo su padre eligió por ella y ahora volver a las afueras le implica un gran movimiento, dice. Pero la verdad es que Estela ya está atrapada por las garras de la Ciudad y no puede mudarse.

Estela parece una muchacha peronista: va de casa al trabajo y del trabajo a casa. No sale nunca a otro lugar. Por eso es que Estela ve gris en todas partes. Camina sobre el gris en su departamento de tres ambientes. Camina sobre el gris de la calle Lavalle para ir a su trabajo. Camina sobre el gris de la avenida Córdoba para volver a su casa. Camina sobre el gris de su oficina. Camina sobre el gris del colectivo y el gris de los taxis. Estela camina sobre el gris, ve gris, vive gris.

Estela se encierra en su casa gris y se idiotiza mirando en televisión programas también grises. Estela duerme a la noche en una cama gris y tiene sueños grises. Estela ve pasar a sus vecinos también de color gris.

En su departamento gris Estela no sabe si afuera hace calor o frío. Estela tiene que mirar bien para ver si el piso está mojado para así darse cuenta si llueve. Si no fuera por el almanaque que cuelga de su cocina, Estela no sabría si es verano, otoño, invierno o primavera. Si no fuera por la TV clavada en el canal del tiempo, Estela no sabría si está soleado o nublado.

Pero Estela tiene una planta colgada del barrote de su ventana gris. En realidad Estela tiene cuatro plantas colgadas del barrote de su ventana gris pero no todas soportan el gris del centro y se mueren ni bien empiezan a perder las hojas.

Estela no recuerda cómo llegó la planta verde a ella. Era de su madre. Es lo único que sabe Estela. Se la había regalado una vecina, que también vivía en un departamento gris, el de al lado. Estela no sabe como se llama la planta verde. Sólo que tiene hojas finitas, repletas de savia. Estela sabe que la planta verde, todos los años, cortará el gris con una flor roja. Sabe Estela que algunos años de suerte la planta da tres, cuatro, cinco flores rojas. Estela las corta y las guarda en un florero adentro de su casa porque seguro Estela tiene miedo que el gris de la calle se las termine devorando. Estela cuando ve que entre las verdes hojas de su planta verde crecer un tallo largo y duro, con un capullo a punto de brotar en la punta sabe que no falta mucho. Estela sabe que la flor roja que se prepara para nacer en ese capullo es el anuncio de que la primavera está llegando a su departamento gris, inmerso en un barrio más gris todavía.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy linda Guadalupe tu reflexión sobre la primavera en la gran urbe, y a pesar que vos también vivís ahí, se nota, y mucho que no sos gris. Saludos multicolores de Isaías.