lunes, 1 de septiembre de 2008

Las mil caras de Corrientes

Caminar por avenida Corrientes todavía guarda la mística de los años '30, aunque la Corrientes de ahora no sea la de entonces, y aunque en aquel entonces tampoco hubiera una sola Corrientes. Al decir Corrientes en Buenos Aires enseguida vienen a la mente los teatros, el glamour de las revistas, la "calle que nunca duerme", el tango en el Obelisco; por más que el glamour y el tango sean retazos del pasado. Esos resabios son los que buscan los turistas cuando compenetrados con sus cámaras digitales sacan fotos a troche y moche.
De esa Corrientes cultural quedaron las librerías de viejo, los centros culturales, los teatros menos glamorosos que antaño y las plaquetas conmemorativas que cuelgan de la entrada de "La Paz". Como el resto de la Ciudad, Corrientes ahora sí duerme. Y lo que antes era opulencia la crisis lo transformó en miseria. Así, entre la gente que circula por las librerías o hace la cola para entrar al teatro, los cartoneros revuelven la basura que sacaron los restaurantes de la zona. Basura que no es difícil encontrar dado que Corrientes, como toda la ciudad, hace rato que está muy sucia.

Pero la más porteña de las avenidas tiene y tuvo una característica: sus varias caras. Por eso, el equiparar Corrientes solamente con ese pequeño reservorio de cultura equivale a reducir la calle a tan sólo unas pocas cuadras. Además de la Corrientes cultural del Centro, está la Corrientes comercial de Once, la Corrientes de las casas tomadas en el Abasto, la Corrientes comercial en menor escala que va desde Almagro a Villa Crespo y la Corrientes abandonada que cobra vida al llegar a Chacarita para morir, ironía del destino, ahí mismo . Corrientes tiene varias caras, vive y muere muchas veces.

Alrededor de Corrientes supieron asentarse las colectividades que llegaron al país con las sucesivas inmigraciones. En los '30 la Corrientes de Once era territorio de árabes y la Corrientes de Villa Crespo reducto judío.

Con los años las distintas colectividades se fueron mezclando entre los dos barrios y por eso en el mismo tramo de la avenida se juntan el negocio de telas del patriarca árabe con el local de ropa del patriarca judío. Y en los '90 la zona de Abasto se colmó de inmigrantes de los países limítrofes que ante la escasez de viviendas que azota a la Ciudad fueron a parar hacinados a los conventillos y casas de inquilinato de la zona. Por eso Corrientes es hoy por hoy no tanto la calle que nunca duerme sino la calle de las varias colectividades.

Transitar Corrientes es ver como el panorama de la calle va cambiando a medida que se atraviesan los barrios. Porque cada barrio le da su identidad propia a Corrientes. Del reducto intelectualoide uno se adentra en el bullicio de los vendedores ambulantes y los locales uno al lado de otro de Once. El bullicio y el olor a pochoclo de a poco se pierde y el paisaje se vuelve tristemente decadente: una casa derruida con chicos asomados a las ventanas, mirando el shopping, veredas rotas, pocos negocios, desolación. Luego los comercios resurgen al llegar a Almagro, de forma un poco más chic que en Once y con menos densidad. Continúa así hasta Villa Crespo, muere, revive en la intersección con Scalabrini Ortiz, vuelve a morir y resucita con el bullicio frente a la estación Lacroze, ahí nomás del Cementerio de la Chacarita, donde muere para siempre. Curioso fin el de la avenida más famosa de Buenos Aires.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bárbaro, un beso, Juan pablo Peralta
www.portaldelperiodista.blogspot.com

Guadalupe dijo...

Gracias, Juan Pablo... Hacía días que no me conectaba y no había visto tu comentario! Me alegro que te guste